Editorial/Opinión

Mientras en el MAS pelean


Mientras en el MAS pelean

Las últimas noticias confirman que, por más intentos por unir a los dos bandos enfrentados del MAS, no hay manera de que se pueda alcanzar un cierto grado de armonía. Se están volviendo como el agua y el aceite, como perros y gatos que sólo que no pueden dejar de atacarse, acusarse mutuamente y hacer denuncias de grueso calibre.

Los masistas ya no disimulan su distanciamiento y el gran dilema de las dos facciones consiste en buscar la forma de capitalizar el poder, acaparar los recursos del estado que constituyen la mayor fuente de “aburguesamiento” de los grupos enquistados en el gobierno, lograr la lealtad de las mafias políticas denominadas movimientos sociales, mantener los vínculos con el narcotráfico y las estrechas relaciones con el crimen organizado, pues el MAS ha pasado a ser algo así como un soviet, donde confluyen campesinos, sindicalistas, avasalladores de tierras, narcos, chuteros, contrabandistas, traficantes de oro, cocaleros y muchos otros grupos unidos en torno al debilitamiento moral y la meta de perpetuar la hegemonía sobre este país.

Cuando el presidente pone de ejemplo a los “interculturales” (ergo, avasalladores profesionales) y se hace fotografiar con el diputado millonario que se hizo rico (y lo admite) haciendo negocios con autos robados e indocumentados, les está diciendo a los militantes del MAS “vengan conmigo, yo les voy asegurar un futuro promisorio”. El cocalero ofrece prácticamente lo mismo aunque hoy se hace el moralista al cuestionar los vínculos del régimen de Luis Arce con el narcotráfico, cuando todos sabemos que él es “la madre del cordero”.

El punto en contra de Morales es la fama de cobarde que se ganó en 2019 cuando huyó del país y dejó a todos expuestos. No hay día que no se lo recuerden y le echen en cara que por su culpa se produjo la “persecución” del “gobierno golpista”.

Hace tiempo ya que el cocalero viene criticando la gestión económica de quien fue su elegido, precisamente por su capacidad para manejar los números del país, que hasta el momento no hay dado grandes sobresaltos, excepto por lo que viene ocurriendo en las últimas semanas, que lo ha obligado a hacer malabarismos con las finanzas. El ministro de economía se ha mostrado muy seguro en los últimos días, jura que el modelo se mantendrá inalterable y en un gesto de soberbia ha dicho que no necesita de nadie. Eso es de la boca para afuera, porque es vox populi que el gobierno está desesperado por lograr varios créditos que le servirán para algunos meses de alivio. Como bien lo dijo un analista, si Arce consigue que no pase nada, pese a los oscuros pronósticos de los analistas, sólo estará consolidando su fama de “milagrero”.

Los que están constantemente con la mirada puesta en el barómetro económico boliviano coinciden en que verdaderamente hará falta un milagro para evitar algún  hecho extraordinario, mucho peor después de lo ocurrido con varios bancos de Estados Unidos y Europa, que ha obligado a los organismos internacionales a recalcular los pronósticos para 2023, con muy malas noticias para América Latina.

Los que están constantemente con la mirada puesta en el barómetro económico boliviano coinciden en que verdaderamente hará falta un milagro para evitar algún  hecho extraordinario, mucho peor después de lo ocurrido con varios bancos de Estados Unidos y Europa, que ha obligado a los organismos internacionales a recalcular los pronósticos para 2023, con muy malas noticias para América Latina.