Mi consultorio virtual


Quien me conoce, sabe que uno de mis pasatiempos es ir al cine. Dado que no se puede, por la pandemia, y que se me hace difícil encontrar algo que ver en Netflix, debido a que muchas de sus producciones me cansan cuando apenas comienzo a verlas, ya que son un vomitivo panfleto progre, políticamente correcto, y mononeuronal, preferí volcarme a aprovechar mi tiempo, como siempre lo he hecho, con la lectura, esta vez canalizándola a través de la realización de cursos gratuitos, certificados, en encuentra.com, con los cuales me actualizo y adquiero nuevas herramientas para evangelizar, y en ayudar al prójimo a través de responder consultas en la aplicación “Amén” (de Amen Team).

“Amén”, es una aplicación católica sumamente interesante y con muchas opciones para revisar: ofrece, entre las principales, lecturas del día, reflexiones, y la posibilidad de hacer consultas, confidenciales o no, a través de ella, a los diferentes sacerdotes y religiosos(as) que se inscriben como consultores, los cuales, previa aprobación y seguimiento de parte de sus creadores, pasan a ser parte del este panel.

Siempre he dicho que “uno no sabe lo que sabe, hasta que alguien se lo pregunta”, tener esta oportunidad de responder inquietudes, anónimas en su mayoría, a las personas que las hace, me ayuda a concienciar cuánto he aprendido, cuán necesitada está mucha gente de ayudas como estas y a descentrarme de mí mismo: estar pendiente de los propios asuntos puede llegar a hacer que nos focalicemos solo en ellos, y no en ver si hay alguien necesitado de palabras de consuelo, asistencia espiritual, y ayuda.

La aplicación funciona mediante geolocalización: cuando un usuario ingresa una pregunta, la canaliza inmediatamente al consultor más cercano, según los datos. Si la persona ingresa su consulta con la opción anónima, se hace mediante un depositorio que la asigna a quien quiera responderla, y luego queda entre consultor y consultado la conversación.

El factor anonimato al momento de la consulta ayuda a muchos fieles a desinhibirse más a la hora de contar sus problemas y/o aquello que les costaría mucho, incluso avergonzaría, preguntar, y es por ello que es tan importante: puede darnos una visión real sobre muchos problemas que tienen las personas y que a veces, como religiosos, simplemente no nos enteramos porque quien los padece, o no se acerca a la Iglesia, o se abstiene de contarlos.

Oren por favor por mí y por quienes hacemos parte del panel de consultores. Para que el Espíritu Santo nos ayude a dar en todo momento una respuesta adecuada. Por último, invito a todos: a los consagrados, a postularse como consultores, y a los fieles, a descargarla. Es una manera interesantísima de formar parte de la Iglesia digital, esa que ofrece una nueva alternativa espiritual y evangelizadora en el océano inmenso de la internet, lleno de cómos sin porqués, y de conseguir respuestas, consuelo y esperanza. Que el Espíritu Santo les bendiga.