Editorial/Opinión

Excusas para destruir el país


Excusas para destruir el país

Los movimientos sociales dicen tener razones suficientes para convulsionar el país, lo que incluye atentar contra la vida de miles de personas a través de la estrategia criminal de boicotear la atención médica de los pacientes afectados con Covid-19. Ellos están peleando por la democracia, luchan contra un gobierno golpista, exigen elecciones, rechazan a un gobierno prorroguista que usa la pandemia como excusa para suspender los comicios, que maneja muy mal la emergencia sanitaria y encima de eso, demandan la renuncia de la presidenta Jeanine Añez a su candidatura porque consideran que su responsabilidad es manejar la transición y entregar la administración a quien sea elegido en las urnas.

Ese es el discurso que manejan hoy y los grandes paladines de la democracia y son justamente los mismos que en octubre y noviembre de 2019 hicieron cosas muy parecidas y que intentaron cercar las ciudades en defensa del fraude, buscando la manera de tapar las trampas que cometió el cocalero para perpetuarse en el poder. Ellos intentaron provocar la intervención de los militares para reprimir al pueblo, recurrieron al terrorismo y asesinaron a sus propios compañeros porque consideran que la muerte es la mejor herramienta para conquistar, retener y en este caso, recuperar el poder que perdieron por culpa de la corrupción, el saqueo y la violación de los derechos humanos.

Excusas no le han faltado a los grupos que se convirtieron en aliados del gobierno de Evo Morales en el 2006, año en el que cumplieron el sueño de conducir al país y de poner en práctica sus proyectos sociales, políticos y económicos; de transformar Bolivia, de conseguir el “vivir bien”, la inclusión de todos y el desarrollo que tanto ansiamos los bolivianos.

Nuestra joven democracia viene soportando el fuerte acecho de aquellos movimientos desde principios de siglo y obviamente sobran las razones en Bolivia para protestar, reclamar y exigir reformas que ayuden a superar problemas estructurales como la pobreza, la falta de acceso a los servicios básicos y la injusticia. 

Lamentablemente, pese a tantas protestas, bloqueos, marchas y todas las formas posibles de presionar, los movimientos y sindicatos no han logrado avances, porque en realidad ellos nunca han estado interesados en mejorar la situación de los colectivos humanos que dicen representar. Lo que llamamos “razones”, fueron simplemente excusas y los pretextos tampoco  le han faltado: defender el agua, pelear por el gas natural, luchar contra el impuesto al salario, rechazar a un dictador devenido en presidente por la vía de los votos o a un “gringo” que pretendía enajenar al país.

Los ingenuos todavía creen que si renuncia Jeanine Añez a su postulación, si las elecciones se realizan mañana, si se resuelve habilitar plenamente al MAS, los movimientos sociales van a levantar sus bloqueos y dejarán que el país transite por la vía de la paz y la democracia. Ni siquiera los negros antecedentes del cocalero, las acciones de la organización criminal que lo respalda o los propósitos que tiene para este país les sirven a los malintencionados para caer en cuenta sobre la verdadera dimensión del momento que estamos viviendo y la importancia que tiene resistir.

Ni siquiera los negros antecedentes del cocalero, las acciones de la organización criminal que lo respalda o los propósitos que tiene para este país les sirven a los malintencionados para caer en cuenta sobre la verdadera dimensión del momento que estamos viviendo y la importancia que tiene resistir.