El nuevo, viejo Ministerio de Culturas


Este viernes hemos tenido la noticia de que el Ministerio de Culturas, que había sido borrado del mapa por el Gobierno anterior, ha sido reestablecido, aunque eso sí, no como lo era durante el primer gobierno masista. Para empezar, el Viceministerio de Turismo no está más bajo esa cartera. Este cambio parece muy sensato, porque el turismo, aunque beneficiario de las expresiones culturales y del patrimonio cultural del país, es más bien una actividad comercial, y esta debería ser apoyada y reglamentada desde otro sector del Estado.

Cuando el Ministerio de Culturas fue cerrado, en medio de la pandemia, una enorme cantidad de actores de la vida cultural tradicional, vale decir actores de teatro, o de cine, y otro tipo de expresiones escénicas, echaron el grito al cielo, y es de imaginarse que ahora se sientan muy aliviados, aunque, naturalmente, es posible que en el futuro inmediato poco pueda hacer el reestructurado ministerio para apoyar a esos sectores de la vida cultural urbana.

Por el momento, todo ha sido no mucho más que un saludo a la bandera, literalmente, (uno de los temas tocados en el acto de nombramiento de la nueva autoridad ha sido el promover el respeto a la wiphala.

Imagino que el Ministerio de Culturas –si se convierte en una repartición respetable del Estado– tendrá que ser diametralmente distinto al ministerio de los tiempos del expresidente. Tengo la esperanza de que nunca, pero nunca más, salga de allí el dinero para promocionar, un absurdo del calibre del Dakar, deporte de los ricos del mundo, depredatorio de paisajes y eventualmente de áreas arqueológicas.

Espero que este Ministerio de Culturas esté a cargo del proyecto bibliográfico más importante, no solo del período plurinacional de Bolivia, sino de todo el período republicano y, por qué no, de la historia de esta parte del mundo, desde siempre. Me refiero a la Biblioteca del Bicentenario que, en justicia, debería estar bajo la tutela del Ministerio de Culturas, (aunque sea un proyecto que no puede ser considerado ni “descolonizante”, ni “despatriarcalizante”).

Si alguna vez vuelve a haber dinero para algo como el PIU (Prograna Intervenciones Urbanas), esto también debería ser manejado por la cartera de Culturas. Sí, el Ministerio de Culturas puede ser una división del Estado muy importante y muy poderosa, y debería tener un gran presupuesto, por supuesto, solo después de atender con el presupuesto requerido a los sectores de educación, y de salud de los ciudadanos, y obviamente luego de lograr una reactivación de la economía después de la desastrosa pandemia. Mientras tanto, es posible que tenga que dedicarse a hacer saludos a la bandera.

De cualquier manera, van a tener que pasar unos cuantos meses hasta de que se sepa qué es lo que hará el restituido ministerio. La nueva Ministra tiene la ventaja de no tener que compararse con la anterior, la señora Yucra, que no dejó buen recuerdo, ni con la última ministra del gobierno de Evo, quien tenía anticuerpos inclusive dentro del MAS. Pero tiene que presentar un marco conceptual y un plan de trabajo, y contar con un presupuesto para poder cumplir con sus intenciones.

Va a ser muy interesante, en los próximos días, escuchar a la Ministra respecto a sus intenciones, sus proyecciones y sus conceptos, y ver cómo se va armando una repartición del Estado que aparentemente es muy importante para el Gobierno.

Y, por último, de yapa, queda también preguntarse sobre el futuro de una de las obras del antiguo Ministerio de Culturas, ¿qué se hará con ese mamotreto de Orinoca, que costó más de cinco millones de dólares, y cuyo mantenimiento es simplemente insostenible?, ¿se lo mantendrá cerrado hasta que pueda ser utilizado como mausoleo?