Editorial/Opinión

Construir entre todos


Construir  entre todos

Nunca se había visto en Bolivia tanta gente que se ha puesto de acuerdo para destruir el país y lamentablemente, los que quieren construir, que son la inmensa mayoría, no se entienden, trabajan dispersos, usan métodos opuestos y a veces equivocados, hecho que facilita el trabajo de aquellas minorías eficientes que le quitan el oxígeno a la nación.

No hace falta que un líder lúcido y valiente nos recuerde que para salir de esta crisis tan grave se necesita el concurso de todos, pero es bueno que lo haga porque frecuentemente olvidamos esta lección tan elemental. Afortunadamente hay una sola herramienta que nos permitirá salvarnos y es precisamente la que están tratando de aniquilar los destructores: la libertad, tan importante como el oxígeno que nos mantiene con vida.

Bolivia está en mejores condiciones que otros países para lograrlo. Los argentinos, por ejemplo, están en un punto de no retorno, en el que la salvación o la condenación depende únicamente de lo que hagan los políticos, los demagogos, los populistas que durante más de 70 años se han dedicado a castrar a la sociedad, a robarle la iniciativa y poner todos en una gran fila de mendigos y esclavos esperando por las migajas de reparten los impostores. De Venezuela o de Cuba, ni hablar. Aquellos pueblos se han quedado sin motivos para luchar. No tienen nada qué perder, nada por qué luchar y para ellos, la libertad consiste en extender la mano o hacer fila para conseguir un pan.

Recordemos lo que hicimos los bolivianos a partir de 1985, cuando tuvimos que superar una crisis mucho peor que la actual. Estábamos en un periodo de hiperinflación causada por un régimen socialista. Crisis institucional, amenaza dictatorial y el inmenso caos provocado por los mismos movimientos sociales y sindicatos que quieren volver al pasado, destruir lo que hemos conseguido en el angustioso camino democrático y, por supuesto, convertir a Bolivia en una narco-dictadura, en un estado bajo un orden criminal, sin leyes y sin libertad.

Tan solo un decreto fue suficiente para recordarnos a los bolivianos lo creativo que somos, la gran capacidad que tenemos para adaptarnos, para ver que es innecesaria la intervención del Estado para generar empresas, crear trabajo y salir adelante con el esfuerzo propio que jamás será sustituido por un bono o un subsidio, instrumentos que son legítimos en un estado de emergencia, pero que el populismo usa para sojuzgar a la gente, para mantenerla controlada y convencerla de que no es capaz de multiplicar la riqueza.

Aquella vez, esos dirigentes que destruyen y obstruyen, que confunden a la gente y la obligan a sumarse a iniciativas suicidas, tuvieron que jubilarse prematuramente y nadie los extrañó cuando fueron confinados por orden del gobierno, con el respaldo de una población que quería democracia, que se entregó al trabajo y a la convivencia pacífica. Entre todos podemos lograrlo nuevamente.

Recordemos lo que hicimos los bolivianos a partir de 1985, cuando tuvimos que superar una crisis mucho peor que la actual. Estábamos en un periodo de hiperinflación causada por un régimen socialista. Crisis institucional, amenaza dictatorial y el inmenso caos provocado por los mismos movimientos sociales y sindicatos que quieren volver al pasado, destruir lo que hemos conseguido en el angustioso camino democrático y, por supuesto, convertir a Bolivia en una narco-dictadura, en un estado bajo un orden criminal, sin leyes y sin libertad.